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Entrada 3 – Reflexión sobre la “Guia de bones pràctiques de la gestió cultural”

Para esta entrada he trabajado sobre la Guia de bones pràctiques de la gestió cultural redactada por la Associació de Professionals de la Gestió Cultural de Catalunya. El documento reflexiona sobre cuáles deberían ser los principios y competencias fundamentales de un gestor cultural y me ha parecido especialmente interesante porque muchas de las ideas que aparecen en la guía las he podido reconocer directamente durante mis prácticas en Factoría de Comunicación Cultural.

La guía define al gestor cultural como un mediador entre la creación, la participación y el consumo cultural. Esta definición me parece muy acertada porque resume perfectamente lo que he observado también en Factoría de Comunicación Cultural. La comunicación cultural no consiste únicamente en promocionar eventos, sino en conectar artistas, instituciones culturales, medios de comunicación y público.

Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es la importancia que la guía da a la flexibilidad y capacidad de adaptación del gestor cultural. El documento explica que el trabajo en cultura está vinculado a procesos muy dinámicos y que el gestor debe saber responder rápidamente a las exigencias del contexto y adaptarse. Esto encaja totalmente con mi experiencia práctica. En muchos proyectos he visto cómo los planes pueden cambiar de un día para otro y cómo es necesario reaccionar rápidamente ante nuevas necesidades de comunicación, entrevistas de última hora o cambios de programación repentinos.

También me ha parecido muy interesante la parte dedicada al plan de marketing y comunicación. La guía destaca que todo proyecto cultural necesita una estrategia de comunicación coherente y adaptada a sus públicos. Durante mis prácticas he podido comprobar la importancia de esta planificación, especialmente en proyectos como el BOGA BOGA Festibala o la comunicación del Orfeón Donostiarra, donde existe una estrategia clara sobre qué comunicar, cómo hacerlo y sobre todo a qué público dirigirse.

Otro punto con el que me siento identificada es la idea de que la cultura tiene una función educativa y social. Antes de comenzar las prácticas veía la comunicación cultural principalmente desde una perspectiva promocional, pero ahora entiendo que también puede servir para acercar la cultura a la sociedad, generar comunidad y dar visibilidad a proyectos con impacto social. Esto lo he visto especialmente en el trabajo realizado con la ONG Mundu Bakean, una ONG que trabaja para dar visibilidad a los migrantes de los países de america latína.  

Además, la guía insiste mucho en la importancia de la evaluación y de los dossieres de impacto para medir resultados. Precisamente una de mis tareas ha sido elaborar dossieres de impacto para clientes, recopilando apariciones en prensa, redes sociales y resultados de comunicación. Gracias a ello he comprendido que la comunicación cultural no solo debe ser creativa, sino también estratégica y medible.

En general, la lectura de esta guía me ha permitido relacionar conceptos más teóricos de la gestión cultural con situaciones reales que he vivido durante las prácticas. También me ha ayudado a entender que detrás de cada proyecto cultural existe una gran responsabilidad social y profesional.

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